El Diario de Curwen Lunes, 25 julio 2016

La última gran decisión

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¿Sí o no? Foto: El Comercio

El gobierno de Ollanta Humala Tasso está a punto de culminar. Faltan dos días para que el sueño del gran cambio y la gran transformación sean historia. Ollanta y su esposa, Nadine Heredia, se van solos. No hay bancada que los espere, no hay aliados que vayan a celebrar la culminación del periodo. No hay nada. Espinoza, Chehade, Abuggatás, Urresti, Mendoza y más; todos se fueron. El presidente dejará Palacio de Gobierno con 25% de aprobación, una cantidad notoriamente inferior a las que dejaron Alan García y Alejandro Toledo y que irá disminuyendo con el paso del tiempo. Pero hay un último desafío, una última tarea que deberán cumplir a puertas del fin del quinquenio, deberán tomar una decisión que, para ser justos, podría ser una de las más importante de todos estos años: indultar o no a Fujimori.
Son dos caminos los que le queda a la pareja presidencial. El primero es un camino duro, lleno de investigaciones y megacomisiones presididas por parlamentarios fujimoristas dispuestos a husmear hasta en los vouchers de supermercado. La fuerza mayoritaria del Congreso lo está esperando a la salida para darle la paliza de su vida y la única forma de escapar  es cumplir con una sola demanda: indultar a Alberto Fujimori.
El proyecto de ley ya está en proceso pero tomará demasiado tiempo y el indulto común se verá impedido por la ley que lo prohíbe para autores del delito de secuestro agravado. Solo queda el indulto humanitario. Humala tendría que firmarlo en las próximas horas y así se ganaría una deuda con Fuerza Popular. Una deuda pequeña, que apela a la honorabilidad, pero deuda al fin y al cabo.
Pero si indulta a Fujimori quedará sepultado para siempre, no sólo como un cadáver político sino como algo peor: un traidor. Humala habrá traicionado a cada una de las personas que votó por el partido nacionalista y estaría asegurándose de que nadie, nunca más, vuelva a confiar en su discurso.
Si un balón de gas de doce soles lo persigue cinco años después, el indulto a un expresidente encarcelado por delitos de lesa humanidad lo perseguirá para la eternidad. Pero con una aprobación pública por los suelos, un partido político extinto y una bancada fantasma, ¿qué podría perder? Si no tiene intención alguna de volver a la política y el indulto servirá para librarse de las garras hambrientas del fujimorismo durante los próximos años, ¿no valdría la pena?
Tiene poco más de dos días para pensarlo. El 28 de julio le entregará la banda presidencial a Pedro Pablo Kuczynski y con ella se habrán ido todas sus posibilidades y oportunidades de librarse de la furia fujimorista. ¿Lo indulta o no lo indulta? ¿Un trato con el enemigo o una traición a la dignidad del país? Cada minuto cuenta.
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